Entrevista a Amalia Tortajada

¡Ya estamos de vuelta con una nueva entrevista! En esta ocasión tengo el placer de presentarte a una flautista española que, como muchos, ha encontrado su sitio más allá de nuestras fronteras. Eso sí, no muy lejos.

Ella es Amalia Tortajada, y es flautista de la Orquesta Gulbenkian de Lisboa (Portugal). Una gran músico galardonada por el mismísimo Sir James Galway en su festival, y que ha pasado por grandes orquestas como la del Palau de Les Arts en Valencia.

Espero que te guste la entrevista, y si es así, ¡no dudes en compartirla!

  • ¿Cómo empezaste en la música?

Nací en Buñol, un pueblo pequeño pero con una fuerte tradición musical. Tiene dos bandas de música grandes y muy buenas. Mis padres no son músicos, pero lo normal en Buñol es que pertenezcas a una banda o a otra y te apunten a música desde muy pequeño. Me acuerdo que mi padre me llevó a ver un ensayo de mi banda y me preguntó si me gustaría tocar algún instrumento. Me fijé enseguida en la primera fila, donde estaban las flautas. Me gustó el sonido, era bonita… ¡y donde más niñas había! Y le dije que sí, que quería tocar “ese instrumento”.

Poco después me llevaron a ver la ópera de La Flauta Mágica de Mozart. Me quedé impresionada. Tenía seis años cuando empecé con la música, pero me acuerdo como si fuese ayer: el teatro, las luces, la música, Papageno, La reina de la noche y el título de la ópera (una flauta, ¡y que encima era mágica!). No había duda, ¡era el instrumento que quería tocar!

Después de esto fui a la banda, y llegó el día de escoger instrumento… Estaba súper nerviosa en la fila detrás de más niños… ¿Y si cuando fuese mi turno no quedaban flautas? Pero si, ahí estaba esperando para mí. ¡Y así empezó todo!

  • ¿Cómo llegaste a la orquesta Gulbenkian de Lisboa? 

Tenía muy claro desde siempre que quería ser músico de orquesta. Cuando acabé de estudiar en Londres tuve mi primer contrato de trabajo en el Palau de les Arts. Fue un año que me hizo crecer y madurar mucho musicalmente, y donde aún tuve más claro que tocar en una orquesta era el trabajo que quería.

Así que intentando conseguir mi sueño empecé a hacer audiciones, ¡y aquí las gané! Ya han pasado más de siete años desde ese día y aquí continúo.

Lisboa es una ciudad preciosa. La Fundación Gulbenkian es la fundación cultural más importante de Portugal; me encanta mi orquesta, el auditorio con sus vistas al lago… Para mí la música o el trabajo nunca ha sido un sacrificio, ¡sino todo lo contrario!

Aunque esté en otro país me siento afortunada por poder trabajar en lo que me gusta y en lo que me hace más feliz.

  • ¿Qué es lo más curioso que te ha ocurrido en tu carrera musical?

Una de las anécdotas más graciosas que me ha pasado en mi carrera musical fue recién llegada a Lisboa. Acabé un concierto con la orquesta y cuando salí una persona se me acercó para decirme que había sido espantoso. ¡Imagina mi cara de póker! Me quedé sin saber muy bien que responder, y le agradecí su sinceridad. Poco después descubrí que espantoso en portugués ¡¡significa muy bueno!! Jajajaja

Otra cosa que recuerdo con mucho cariño es haber tocado en la muralla China, una experiencia que aún me pone la piel de gallina cuando me acuerdo.

  • Fuiste galardonada nada más y nada menos que por Sir James Galway y has colaborado en su festival. ¿Qué ha significado esto para ti?

Sin duda haber sido premiada por un flautista como Sir James Galway ha sido una de las cosas más emocionantes que me ha pasado en mi carrera profesional. Él ha sido un ejemplo para mí desde pequeña; escuchaba sus discos y pensaba que algún día yo también quería tocar toda esa música. Ser reconocida por un flautista de su talla es todo un honor. Fui a su festival en Weggis (Suiza) para conocerle, aprender de él, recibir sus consejos… y al final acabé por ser galardonada con el “Rising Star”.  Al año siguiente volví al festival, pero esta vez para hacer un recital. En la primera fila y en el medio estaban él y su mujer, lady Jeanne, y a los lados otros grandes flautistas que estaban invitados al festival. Fue uno de los públicos más exigentes que he tenido nunca.

  • Eres embajadora de una marca de zapatos y vestidos. Es algo poco habitual entre los músicos profesionales. ¿Nos cuentas en qué consiste? ¿Qué aporta una colaboración así al músico, a la marca y al público?

Sí, soy embajadora de la marca portuguesa ELEH. Para mí la moda también es un arte y una forma de expresión, y es algo que me gusta mucho.

Los conocí en un evento donde yo estaba tocando. A mí me encantó todo lo que tenían, y a ellos mi música. Así que decidieron hacerme un vestido a medida para usar en mis recitales y dos pares de zapatos que llevo siempre en los conciertos con la orquesta.

Me siento identificada con la marca, es todo hecho a mano… ¡y con mucho cariño!

Helena, que es quien está detrás de la marca, diseña los zapatos. Miguel, que es su hermano, lleva la gestión de la empresa, y la madre de ellos diseña y hace los vestidos. ¡Son una familia de artistas!

  • ¿Cómo ves el panorama musical actual?

Veo que cada vez hay más talento, más gente tocando bien… Con las nuevas tecnologías, todo el mundo tiene acceso a la música clásica, y a la música en general.

Tenemos al alcance muchas cosas que antes eran impensables, como tener masterclasses en un canal de YouTube o por Skype, poder escuchar grabaciones de grandes orquestas en el móvil (aunque prefiero ir a escuchar música en directo), las redes sociales que nos invaden de información musical… Pero desafortunadamente aún queda mucho por hacer, pues hay pocas plazas y poco trabajo para tantos buenos músicos.

  • ‎Un consejo para los lectores del blog. 

Siempre poned pasión a lo que hagáis y hacedlo con entusiasmo. Cuando la música se convierte en nuestro trabajo diario es muy fácil caer en la rutina, pero no tenemos que olvidarnos nunca que con nuestra música hacemos felices a quien viene a escucharnos, transmitimos lo que llevamos dentro, inspiramos a los demás, movemos sentimientos, tocamos corazones… y eso es tan bonito…

Ponerse siempre metas y nuevos objetivos hace que estemos motivados. Y tened paciencia, muuuucha paciencia…

Somos afortunados por trabajar en lo que nos gusta, y esa es la recompensa a nuestro “esfuerzo” (sí, entre comillas, porque cuando se hace con gusto no llega a serlo del todo).

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