Entrevista a Frederic Sánchez

Hoy te traigo una nueva entrevista. Es a un flautista que dedica buena parte de su trabajo a la música de cámara, en este caso en el Azahar Ensemble (quinteto de viento ganador del 2º premio y premio del público en la 63 edición del Concurso del ARD en Múnich).

Él es Frederic Sánchez, quien además desarrolla una interesante actividad como flautista en orquesta, destacando su actividad con la Verbier Festival Chamber Orchestra desde 2014 o sus colaboraciones con orquestas como la Royal Concertgebouw Orchestra o la London Philharmonic.

¿Te vas a perder esta entrevista? ¡Sigue leyendo! ¡Espero que te guste y no olvides seguirme para estar al tanto de nuevos posts!

  • ¿Cómo empezaste en la música?

Fue mi padre el que me introdujo en el mundo de la música, ya que es un flautista amateur y un auténtico melómano. 

Él tocaba siempre con mi hermano y conmigo, como si de un juego se tratara, y de ahí viene nuestra vocación musical. Mi madre siempre nos apoyó y fue la que estuvo al tanto de que esta vocación se encauzara; siempre pendiente de qué centros educativos ofrecían una mejor formación, de becas, concursos, oportunidades, etc. 

Yo recuerdo tener ‘ansia’ por aprenderme rápido la lección de turno para así poder irme a jugar con otros de los muchos instrumentos que teníamos en casa (ocarinas, flautas de diferentes lugares del mundo, silbatos de agua, carracas, etc.) o simplemente jugar con la flauta haciendo trinos y demás ruiditos que me parecieran graciosos. 

Creo que la parte lúdica y el hecho de aplicar el sentido del humor a la música son indispensables para una vida musical satisfactoria. Obviamente, esto tiene que ir acompañado de la disciplina, dedicación y esfuerzo que conocemos sobradamente todos los músicos profesionales.

Pero sí, ¡siempre quedará intentar tocar la Quinta de Mahler con una flauta de émbolo junto a mi hermano -al carrillón- cuando nos juntamos en Navidades! Digo intentar porque el resultado es desastroso a partir del tercer compás…

Para mí, la música -aparte de uno de las artes con una capacidad expresiva más abrumadora- es una vocación que se profesionaliza, y en mi infancia lo viví totalmente así.

  • ¿Qué es lo más curioso que te ha ocurrido en tu carrera musical?

¡Un músico puede estar horas explicando ‘batallitas’! 

Por curioso me viene a la mente cómo un ‘Bis’ con la Orquesta de Cámara del Festival de Verbier fue evolucionando durante una gira asiática. 

Todo empezó como una broma: tocar la obertura de Guillermo Tell (los metales tocaban la introducción) y cuando entraban las cuerdas con el tema principal toda la orquesta, por sorpresa, cantaba en vez de tocar. 

El director, Gábor Takács-Nágy, pedía en los ensayos que ‘cantáramos en serio’, porque sonaba un poco a lección de solfeo ‘entonada’.

Yo, conocedor de que puedo cantar muy fuerte, avisé de que podría haber altercados si me tomaba literalmente esa petición, a lo que él hizo oídos sordos. 

En cada concierto, la ‘performance’ fue evolucionando y todo el mundo iba sorprendiéndose de que, efectivamente, podía cantar muy fuerte (eso no quiere decir bien necesariamente). Llegó un concierto en el que Gábor, compinchado con toda la orquesta, propuso que todo el mundo se callara en el momento más fuerte y me quedara solo para ver cómo reaccionaba. 

Y como todo el mundo vió que me daba igual, ya se optó por -en el último concierto en la Ópera de Dubai- dejarme cantar totalmente solo el final cual tenor spinto. Así se hizo, y grité Dubai muy fuerte con las ‘notas’ finales. Todo el público se puso en pie para la ovación apoteósica final. 

Me sentí como si estuviera en Tienes Talento versión Emiratos Árabes Unidos por unos instantes. ¡Se queda uno muy a gusto gritando en un escenario! ¡Lo mejor para el miedo escénico!

  • Como miembro del Azahar Ensemble, ¿qué te ha aportado el quinteto como flautista?

Flexibilidad en el sonido y -va unido- en la afinación.  Es algo imprescindible para tocar en un quinteto de viento y vital para el grupo.

Es algo necesario para todos y cada uno de los músicos de un quinteto, por supuesto, con tal de conseguir una gran precisión en la afinación y en la homogeneidad, lo que crea un sonido grupal. 

Un flautista en un quinteto de viento desarrolla la capacidad de esconderse en los armónicos que los compañeros generan, pero sin ahogar el sonido. De este modo, las líneas melódicas suenan dentro del timbre del grupo, pero con resonancia y proyección.

Es muy importante el ser capaz de modular el sonido -especialmente- a un sonido muy timbrado (similar al del oboe) y uno muy destimbrado, oscuro y dulce (similar al del clarinete). El quinteto de viento necesita que el fagot y la trompa suenen como un bloque: el cimiento sonoro del grupo.

Encima de esa sonoridad vienen ‘los pitos’, y la dificultad está en conseguir que la flauta, el oboe y el clarinete puedan cantar con comodidad, pero a la vez, no romper con sonidos incisivos ese cimiento que ofrecen la trompa y el fagot. 

Ojo, ese sonido más incisivo y brillante es un recurso expresivo brutal para sacarlo en momentos en los que musicalmente se necesite.

Para mí, como percepción personal, lo que me ha aportado a nivel técnico como flautista el tocar con el quinteto es el poder imitar rápidamente un sonido que escucho, con su correspondiente timbre y afinación. A la vez, si en algún momento quiero pedir que, por comodidad y/o eficiencia, alguien imite el sonido que yo propongo, tengo bastante claro cómo pedirlo y conseguirlo.

Al final, tocar en un quinteto de viento es como estar en un laboratorio experimentando con el sonido.

El hecho es que esta experiencia es, para mí, la base de una sección de viento orquestal. El quinteto de viento es como una reducción de la sección de vientos, en la que todo está condensado.

Para mí, falta claramente formación en este sentido. Es un tipo de formación que los instrumentistas de cuerda sí reciben y que llevan en el ADN. 

Desafortunadamente, me encuentro en muchas de las orquestas con las que colaboro con instrumentistas de viento -de un altísimo nivel técnico- que no comparten esta visión (o no han tenido esta experiencia/esta formación), lo cual complica mucho el crear un sonido en común con ellos.

A parte del nivel sonoro, formar parte de un quinteto de viento que tiene la suerte de poder desarrollar una actividad concertística internacional es una experiencia única para cualquier flautista. 

La música de cámara contribuye a desarrollar muchas capacidades específicas en los músicos que tienen un contacto regular e intenso con la misma: un gran sentido del trabajo en equipo, el respeto a los compañeros, las miles de situaciones personales vividas, la organización y planificación, el compromiso, la paciencia, el ser consciente de cómo funcionan los entresijos del panorama musical (importancia de la promoción, las grabaciones, los productos audiovisuales, las redes sociales) y un largo etcétera.

Además, en el plano personal es una actividad que hace que un músico se sienta satisfecho, orgulloso y motivado. Mantener la motivación me parece el mayor desafío al cuál un músico se tiene que enfrentar a lo largo de su carrera.

  • ¿Cuáles son los próximos proyectos con el quinteto?

A parte de nuestra actividad concertística, que este año nos lleva debutar en la Elbphilharmonie de Hamburgo y a colaborar con el Centro Nacional de Difusión Musical, estamos ideando ya nuestro segundo CD. Aún no se puede dar ninguna primicia, ya que el proyecto está aún en fase de confección, pero se está cociendo.

Otro de los proyectos de futuro de Azahar Ensemble pasa por desarrollar una vertiente pedagógica. El año pasado fuimos invitados como profesores a la JONDE, donde realizamos un encuentro especializado en quinteto de viento. 

Estábamos los 5 dando clase en frente del grupo de músicos que la recibía y fue una experiencia muy interesante, ya que podíamos intercalarnos con los alumnos y fue todo un verdadero ‘taller de quinteto de viento’.

¡Nos encantaría poder ofrecer este tipo de formación especializada -encontrando en cada caso el formato más adecuado- a los centros educativos!

  • Una pregunta que mucha gente se hace… ¿Es posible vivir de la música de cámara?

Sí, la clave está en que depende de qué formación se trate. 

Por ejemplo, los cuartetos de cuerda de primer nivel pueden hacerlo, así como los tríos con piano y otro tipo de formaciones que cuentan con una importante tradición a sus espaldas.

Esta tradición también se ha traducido, con el paso del tiempo, en un repertorio muy variado y consolidado.

En el caso del quinteto de viento, se da una situación de ‘a medio camino’. 

La agrupación cuenta con un repertorio increíble (especialmente a partir del s. XX, donde compositores de la talla de Nielsen, Hindemith, Barber o Ligeti empezaron a mostrar interés y a componer para la formación), pero carece de esta tradición más asentada y de repertorio del romanticismo (periodo en el cual los instrumentos de viento estaban en constante evolución).

Esto, debido al hecho de que los instrumentistas de viento han tendido -históricamente- a centrarse en la interpretación orquestal y/o la docencia, contribuye al hecho de que sea muy complicado a día de hoy dedicarse exclusivamente a nivel profesional al quinteto de viento.

En nuestro caso, nuestro objetivo es perseverar, ofrecer todos los conciertos posibles, realizar nuestras propias transcripciones para dotar de más variedad al repertorio, acercar más la formación al público y estar muy activos para contribuir a que se consolide -en el caso del quinteto de viento- esta tradición y que los programadores estén interesados en contar con un quinteto de viento.

Digamos que nos encontramos abriendo camino con tal de contribuir a que la situación cambie y pueda llegar a ser posible vivir exclusivamente de un quinteto de viento.

De momento no nos podemos quejar, pero nos encantaría hacer muchísimas más actividades con el grupo, y con tal de conseguirlo estamos luchando a diario. Tiene una parte de sacrificio enorme, pero a la vez, la recompensa de ver cómo los proyectos se llevan a cabo y muchas cosas funcionan bien es increíble.

  • ¿Cómo ves el panorama musical actual?

Pues con una óptica algo agridulce, pero optimista.

Considero que actualmente hay muchísimos músicos brillantes a nivel técnico, fruto de la gran especialización que se vivió especialmente en el s. XX, pero, a la vez, cuesta más de lo que debiera ser habitual (considerando el altísimo nivel) encontrar a músicos realmente interesantes, genuinos, que trasciendan su instrumento, que emocionen solamente con cómo tocan una nota.

Que no se me malinterprete: los hay también. Y muchos. A todos se nos ocurren a bote pronto muchos nombres de músicos que cumplen esas características.

Mi reflexión es simplemente que, con el nivelazo técnico que hay en general hoy en día, deberíamos encontrarnos más habitualmente a músicos a los que se les note este fuego interno, que les mueva algo más que tocar bien su instrumento.

Al final, el instrumento no es más que el medio con el que se transmiten unas emociones y creo que éstas debieran estar siempre en primer plano.

No quiero que se entienda como algo naíf o simples palabras biensonantes: creo que se debe poner siempre el foco en cómo tocar (técnicamente) siempre con tal de expresar un mensaje. Y esto es algo que puede aprenderse día a día, escuchando a los grandes, a los que hacen esto con facilidad y naturalidad. 

¡No hay mejor maestro que nuestro propio oído!

Luego está la reflexión acerca de la superficialidad en nuestra sociedad actual y cómo afecta al mundo musical. 

Con la inmediatez de las redes sociales y el hecho de buscar un impacto, muchas veces nos encontramos con productos artísticos totalmente vacíos. 

A veces podemos llegar a estar más preocupados de los ‘views y likes’ que de si lo que suena es interesante, y creo que ambas cosas son importantes: una es imprescindible y la otra ayuda a visibilizar lo que uno hace.

Creo que, como muchos músicos hacen, hay que valerse de las redes sociales, de las promociones impactantes y de la imagen para hacer que nuestro mensaje llegue al máximo de gente posible, siempre y cuando este mensaje tenga sentido.

Me da un poco de agonía cuando veo ciertos productos musicales totalmente vacíos o carentes de contenido, o incluso cuando se intentan hacer ‘shows’ para llamar la atención, pero la calidad de lo que se ofrece dista mucho de ser aceptable. 

Creo que habría que evitar, en definitiva, los excesos del ‘marketing a toda costa’ y del ‘puritanismo musical’: hay que estar presentes en las plataformas que la gente, hoy en día, utiliza para estar en contacto. De lo contrario, uno puedo hacer cosas muy interesantes, pero nadie las disfruta.

Y finalmente, está el tema de la educación musical dentro de los colegios e institutos. Creo que es vital porque de ello depende el público del futuro y porque al final, la calidad y variedad del escenario musical de una sociedad viene determinada por el número de melómanos que haya.

Soy optimista porque creo que es algo humano que nos guste la música. Otra cosa es que no sea la clásica… pero creo que aquí es donde habría que hacer una labor pedagógica; no tanto en mostrar o acercar al público la música clásica sino explicarles con pasión qué es lo que la hace tan expresiva… y esto es algo muy subjetivo; pero claro, pasa por hablar de sentimientos y creo que es algo que, como sociedad, nos cuesta un montón hacer con naturalidad.  Por eso mi visión es agridulce: creo que siempre va a haber melómanos y gente que se emocione con la música clásica pero cada vez más cuesta más imaginarse a las nuevas generaciones haciéndolo (aunque estoy convencido de que lo harán).

  • Un consejo para los lectores del blog

¡Que escuchen mucha música! Que se emocionen con ella, que escuchen una y otra vez ese cambio de color en un acorde que lo convierte en extremadamente dulce y que hace que se nos ponga piel de gallina… ¡que disfruten de la música!

Y, entonces, que lo intenten hacer en todas sus vertientes.

No solamente existe el mundo orquestal (aunque es apasionante). No solamente existe el mundo pedagógico (aunque es increíblemente enriquecedor) y no solamente existe la música de cámara (que ya he descrito antes lo mucho que aporta).

Creo que la clave está, hoy en día, en intentar tener una vida musical lo más diversificada posible y sobre todo escucharse a uno mismo. Tener claro qué es lo que a uno le llena (no lo que nos digan que lo hará) y ser consecuente con ello: ir a por todas, pero no pensarse que algo concreto única y exclusivamente nos va a hacer estar satisfechos, felices y motivados para toda nuestra vida musical. 

Como en la vida misma, lo idílico suele no existir y la realidad no es así, por lo que hay que buscar un buen balance entre los diversos campos del mundo musical, ¡siempre acorde a la personalidad de cada uno!

 

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