Entrevista a Pepe Sotorres

“Estoy encantado porque en tantos años la orquesta ha cambiado mucho y está en un momento estupendo. Yo tengo una ilusión… me gusta ir a currar.”

Esta semana te traigo una entrevista a uno de los flautistas míticos de nuestro país. El carismático flautista solista de la Orquesta Nacional de España, Pepe Sotorres.

Completó sus estudios con flautistas de la talla de Alain Marion, Raimond Guiot o Michel Debost. Y desde hace 10 años forma parte de la orden de los Caballeros del Traverso, siendo el Caballero Arquero.

Ha sido alguien a quien, siendo sincero, no conocía apenas y que me ha sorprendido mucho para bien tras compartir un rato charlando para traeros esta entrevista. ¡Pasamos un rato muy agradable!

¡Espero que te guste la entrevista y que si es así la compartas con todos tus amigos! 🙂

 

 

  • ¿Cómo comenzaste en la música?

Pues empecé muy joven, porque mi padre era músico, de los maestros antiguos de banda que daban clase de todos los instrumentos. Era director de la banda de un pueblo de Alicante, Mutxamel, y yo siempre le acompañaba a todos los lados. Se pasaba la tarde dando clase de solfeo y de instrumentos, uno a uno, con la vara golpeando una silla para marcar el tempo. Entonces yo lo escuchaba y me pasaba toda la tarde jugando en la calle, porque era un crío con 5 o 6 años. Le sorprendió que un día, mientras íbamos en el coche, le canté una canción de solfeo que me había aprendido de escucharla allí. Y dijo: “Ahí va, pues a éste ya hay que meterle mano”. Entonces me dio un flautín, porque yo era muy frágil, nací con problemas. Mi madre era maestra. Yendo a trabajar se dio un golpe en el autobús y rompió aguas. Estuvo un montón de tiempo en el hospital. Yo nací con ocho meses de gestación pero hecho polvo, herniado y muy débil. Todos tenían miedo.

A mi padre, que entonces era músico militar y tocaba la tuba, trombón, bombardino…, le hubiese gustado que tocara metal. Pero claro, tenía miedo de que hiciera esfuerzos porque era muy canijo. Me dio el flautín y lo primero que recuerdo es tocar “Fervor” (la marcha de procesión) con la banda. Sólo me sabía eso. Las posiciones me las dijo mi padre y salí a tocar en una procesión. Desde entonces, siempre con él como guía.

 

  • ¿Cómo entraste en la Orquesta Nacional de España?

Yo estaba en el instituto y en el conservatorio en Alicante, vivía allí y tocaba en la banda de Mutxamel, donde dirigía mi padre. En una ocasión vino a Madrid (él conocía a mucha gente aquí, muchos músicos…) y Don Moisés Davia, que era director de la Banda Municipal de Madrid, quiso hablar con él. Conocía a Don Moisés porque había estado anteriormente en la Banda de Alicante. Le saludó, y mi padre pensó en un principio que querría algo para Alicante para la familia o algo así. Pero le pregunto si su hijo, yo, podía venir la semana siguiente a tocar a la banda. Mi padre aceptó, por supuesto. Llamó a casa y me acuerdo que cuando volví del instituto mi madre me lo dijo… (Aquí Pepe se emociona). Di saltos de alegría.

Yo había tocado con Don Moisés Davia en una banda juvenil cuando tenía 12 años. Y para entonces, tenía yo 17 ( a finales de los 80 ). Me dijo de ir tres o cuatro semanas. De noviembre hasta Navidad, para cubrir una baja. Así que no dejé ni el instituto ni el conservatorio.

Estaba haciendo 8º de flauta y BUP. Pensaba: “Luego, en enero, vuelvo”. Estuve el tiempo previsto y, justamente en esa época, Pepe Domínguez, que tocaba entonces en la banda, me dijo: “El miércoles hay pruebas en la Orquesta Nacional”. Yo ni lo sabía. Rápidamente me presenté. Eran unas pruebas en el Teatro Real. No dieron puntuaciones ni nada, y nos dijeron que era un sondeo por si hacía falta alguien. Era muy joven, estaba averiguando cómo funcionaba aquello.

 

 

Llegó Navidad, volví a Alicante, y me incorporé otra vez al instituto y al conservatorio. En la primera semana tras empezar me volvieron a llamar para ver si podía volver, esta vez hasta Semana Santa. Entonces ya hice traslado de matrícula y acabé aquí en Madrid, en Ópera, 8° de flauta con Pepe Dominguez, y el bachiller. Con todo organizado, me vine para acá y me incorporé a la banda después de Navidad.

Y la primera semana de ensayo con la banda me pasé por el Real para ver a la gente y los ensayos. Arturo de los Santos, que era flautista y, además, el inspector de régimen interno de la orquesta, me vio por ahí y me dijo: “¿Puedes venir a la Orquesta la semana que viene?”. Al día siguiente hablé con Don Moisés y me dijo: “Tira, tira. Por supuesto, ve”. Se portó conmigo increíblemente bien. A partir de enero del 81 estuve trabajando dos años por semanas, luego aprobé en la Banda Municipal de nuevo y después en la ONE. Así que empecé con la Nacional en enero del 81. Ya ha llovido, tenía 17 añitos. Flipando con Carreres, Arturo de los Santos, Gutiérrez y Antonio Arias.

 

  • ¿Qué has aprendido en todos estos años en la orquesta como flautista y personalmente?

Como flautista, todo, ya sabes. Tocar es lo que te hace buscarte la vida de verdad. Normalmente tienes que hacerlo durante el estudio porque tienes seguramente muy buenos consejos de tus profesores y de todos. Yo siempre recomiendo a mis alumnos que estudien con muchos y luego que me cuenten cómo les ha ido. Y ojalá les digan lo contrario a lo que yo les digo. Como todo es tan lógico… Al final todo es eso: lógica. Ojalá te digan lo contrario para que tú, como alumno, decidas y te cuestiones las cosas. Al fin y al cabo un profesor puede indicar, pero donde de verdad se aprende es en casa solo, tomando decisiones, estudiando y sabiendo estudiar.

Después viene la parte última, que es la orquesta, la responsabilidad y el compromiso. Y ahí, en los momentos difíciles (que los hay extremadamente difíciles), tienes que buscarte la vida. Y aprendes muchas cosas, no sólo técnicamente, que es básico. La técnica es todo: para empastar, afinación, escuchar, meterte en el sitio, salir cuando tengas que salir… Sobre todo, lo más difícil es empastar. He aprendido a tocar, a escuchar, a compartir y también a disfrutar de poner tu granito de arena en una gran orquesta. Eres una cosita muy pequeña, pero tienes la oportunidad de decir “esto lo hago así porque me da la gana” y hacer tu aportación humildemente. Eso es lo apasionante de este trabajo y la grandísima suerte de dedicarme a esto.

Y personalmente, he aprendido todo. Imagínate, tantísimo tiempo… Es que he vivido mi primera juventud, cuando era un crío, y he crecido con mis compañeros de la orquesta. Todo: giras, convivencia, sacarte las castañas del fuego, responsabilidad, ocio, diversión… Mi aprendizaje y desarrollo en la música y en la vida ha estado siempre relacionado con la orquesta. Y con tanta gente siempre hay mucha información. (Se ríe)

  • ¿Qué es lo más curioso que te ha ocurrido en tu vida musical?

Con el Plural Ensemble en Roma, en un salón espectacular, tocando música contemporánea. Eran todo estrenos con un grupo de 8-10 personas. En una obra de una compositora china yo tocaba la flauta baja, amplificada porque casi todo el turrón lo llevaba yo.

Siempre me dejo las copias sin pegar por los pasos de página. Empezamos a tocar, pasé la primera página y me di cuenta de que las partituras estaban desordenadas. No podía disimular. La compositora estaba allí, el público a dos metros y Fabian Panisello dirigiendo. Habían pasado dos o tres minutos; bajé la flauta y le levanté la mano al maestro. Cortó y me puse a ordenar las páginas. (Se ríe)

Después en una crítica del concierto pusieron: “El flautista paró, pero de ese modo le pudimos escuchar dos veces la bella interpretación de la introducción”. ¡Menos mal que me pasó en la primera página! ¡Iba amplificado y no me quedaba otra!

 

  • ¿Podrías contarnos por qué llevas tantas lagartijas en la funda de la flauta?

¡¡Ahhh!! ¡Es muy fácil! Eso es porque una, la más grande, la verde, me la hizo mi hijo hace muchos años en el cole como un regalo. Entonces se me ocurrió ponerla en la flauta. La gente la vio, le hizo gracia, y me empezó a regalar lagartijas. No tengo ni idea de cuántas llevo, cada vez más. ¡Pesa un montón la funda! Y como para quitarlas, son todo regalos entrañables. Ya soy incapaz de recordar quién me ha regalado cada una. Pero sé que es de un montón de gente y que todos lo han hecho con mucho cariño. ¡Ahí se quedarán!

 

 

  • Sabemos que te gusta tocar otras músicas aparte de la clásica, ¿de dónde viene esa afición? ¿Cuáles son (esas músicas) y por qué?

El jazz, por supuesto. Desde jovencito, antes de los 17 años, ya en Alicante escuchaba jazz y me gustaba. He escuchado mucho. Me gusta el blues, me gusta el flamenco… Otra cosa es saber hacerlo. Pero bueno, después de mucho tiempo y de echarle morro me iba a las jam sessions, y no hay nada como mojarte, salir y “apáñate”. De algún modo tenía “mi propio permiso” para hacerlo mal; o mi razonamiento, que era que yo la exigencia ya la tenía en la orquesta: ahí no puedo fallar, hay que ser muy fino, tocar todo lo mejor que pueda… Y luego por otro lado, en las jam si fallas no pasa nada, la gente te anima porque son muy amables. Entonces tocas sobre todo intuitivamente, de oído… Te metes, te pones a improvisar y al principio no te atreves. Me acuerdo la primera vez con un amigo pianista en una audición del conservatorio. Él me descubrió a Chick Corea, por ejemplo. Me hacía una pequeña rueda y me decía: “¡Va, improvisa!”. Y yo le decía: “¡Improvisa tú!”. Y pensaba “No me atrevo”. He escuchado mucho, me gusta y es muy divertido.

Por otro lado, tuve la suerte de conocer a Juan Parrilla, grandísimo músico. Él me ha mostrado el flamenco desde lo más auténtico. Me hizo unas piezas para tocarlas de bis cuando hice el Liebermann en el Auditorio Nacional, siempre siguiendo sus instrucciones y con su permiso. Fue una experiencia fantástica. ¡Joder, cómo le quiero!

 

 

  • ¿Cómo ves el panorama musical actual?

Desde mi perspectiva, mi visión, mi entorno… Ya sabes, estoy en la orquesta. Estoy encantado porque, además, en tantos años que la conozco ha cambiado mucho y está en un momento estupendo. Yo tengo una ilusión… me gusta ir a currar. Me gusta el maestro nuevo, David Afkham, me gustan mis compañeros, me encanta la gente joven que ha entrado porque son buenísimos, con lo cual la orquesta va para arriba… Yo quiero mucho a la orquesta, desde luego, y he visto la evolución. Me lo paso muy bien, y tengo grandísimos amigos.

Y el resto, claro, lo que veo es…. ¡uf! Para la juventud, las posibilidades son pequeñísimas y contadísimas; la gente está más preparada que nunca, tocan mejor que nunca. En calidad y en número. Sois muchos los jóvenes que venís apretando. Muy buenos, pero efectivamente sois muchos desafortunadamente para vosotros. Y por desgracia la política cultural en este país es horrible. Recortes en las enseñanzas de música a nivel del cole… Y profesores que no están a horario completo… y además recortan horas de música, problemas en la escuelas, problemas en las matrículas, en la política, el acceso a los conciertos, la oferta… Claro, con todo eso hay pocas orquestas y poco curro para vosotros. Como decía Tomás, un crack del clarinete que ya se jubiló: “Menos mal que hemos aprobado”. Porque lo que tenéis ahora hace que tengáis que afilar el hacha y ser el mejor. Es un aliciente por otro lado, aunque difícil. La vida siempre es así. No sólo por ganar una plaza sino por estar uno siempre superándose. Yo estudio más que nunca, de verdad.

 

  • Un consejo para los lectores del blog.

Te voy a repetir uno que dije cuando me hizo la entrevista Bricoflauta: usad los labios, pero para besar. Para besar, para compartir, para dar amor y que no sea todo técnica. Que los labios sirven para tocar la flauta y para ser generosos en las relaciones personales.

 

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2 comments to “Entrevista a Pepe Sotorres”

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  1. JORGE MANUEL GOMEZ - 19 marzo, 2018 Responder

    Olé, Pepe. No has cambiado nada desde los 80 (mejor dicho, desde los 70, cuando nos conocimos en la Banda juvenil de Alacant) Eres un crack. Felicidades por tu valentía y tu honestidad. Te queremos.

    Jorge.

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