Entrevista a André Cebrián

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     Esta semana tengo el gusto de traeros una entrevista muy interesante. Un flautista que siempre deja el listón muy alto allá donde va. Él es el gallego André Cebrián. Estudió en Salamanca, Detmold y Ginebra, y actualmente es profesor en el Conservatorio Superior de Música de Aragón y miembro fundador del excelente grupo Natalia Ensemble. André es invitado regularmente por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León o por la Orquesta Sinfónica Ciudad de Barcelona y Nacional de Cataluña, entre otras muchas. Sin ninguna duda, un placer poder tenerle en el blog. ¡Espero que os guste!

 

– ¿Cómo comenzaste en la música?

     Aunque en mi familia nunca nadie se haya dedicado profesionalmente a la música siempre ha habido mucha afición por ella. Con siete años, mis padres me animaron a apuntarme a una escuela de música. Cuando me dijeron que eligiera un instrumento yo ya lo tenía clarísimo: quería percusión; pero lamentablemente en esa escuela no existía esa especialidad. El piano, que era mi segunda opción, lo rechacé después de que mi padre me explicara que era un instrumento que no se podía mover, que sólo podría tocarlo sentado en una esquina del salón y que difícilmente podría hacer música con mis amigos. Así que como el violín no me gustaba lo más mínimo y no quedaba ya mucha más oferta, dije: ¡flauta!

FullSizeRender     Imaginaos mi sorpresa cuando llegué a mi primera clase y mi profesor sacó de una caja un instrumento plateado, largo y rarísimo que en nada se parecía a lo que yo entendía por flauta (una Honner con su funda verde). Estuvimos gran parte de la clase discutiendo que si eso era o no una flauta. Yo estaba convencido de que había habido algún error y de que estaba en clase de clarinete o algo así. Mis inicios con la flauta no fueron muy afortunados (a pesar de la gran paciencia de Rey, mi profesor), hasta que un día me propusieron ingresar en una banda de música. Allí había mucha más gente de mi edad y se lo pasaban pipa tocando juntos. Recuerdo perfectamente el primer ensayo; tocaban la banda sonora de Robin Hood. Me sentaron en una silla y me dijeron que contara los compases de espera (obviamente no tenía nivel para tocar). En el segundo ensayo ya me atreví a hacer playback, y en el tercero a tocar cualquier cosa cuando la banda tocaba muy fuerte. Me moría de envidia. Yo quería tocar con ellos, así que a partir de ese momento empecé a hacer caso a mi profesor, y poco a poco fui consiguiendo abordar mis primeras obras: el pasodoble Ponteareas, El Sitio de Zaragoza o Beatles in Concert…

 

– ¿Qué es lo más curioso que te ha ocurrido en tu carrera como flautista?

10462456_10153394958375141_4190374472648213974_n     La verdad es que es difícil decidirse por una, ya que tengo una peculiar facilidad para acumular situaciones divertidas e improbables. Sin ir más lejos, la semana pasada tuve un recital de flauta y guitarra con mi compañero Pedro Mateo en Formentera. Media hora antes de comenzar el concierto nos dimos cuenta de que la cerradura de la casa donde nos hospedábamos se había roto y que no podíamos salir. Tras intentar abrir la puerta con los accesorios más disparatados (sacacorchos, espumadera, pajita de plástico…) acabamos saltando por la ventana para poder llegar al concierto.

     También curioso es que mi hermana (que estudió violín hasta los 14 años), a pesar de no dedicarse a la música y nunca haber tocado la flauta, se conoce mejor que yo el repertorio flautístico. Cuando practico en casa de mis padres y me equivoco, mi hermana me grita las notas correctas desde la otra punta de la casa sin entender cómo a estas alturas todavía no me las sé…

 

– ¿Cómo surgió el Natalia Ensemble? ¿Qué te ha aportado?

     A parte de una alopecia galopante, un armonio en el sótano de casa e interminables horas de Skype con mi compañero José Andrés, esta agrupación me ha aportado algunas de las experiencias más intensas que he vivido hasta ahora.

      Toda esta locura tiene su origen en la Gustav Mahler Jugendorchester. La mayoría de los integrantes del ensemble nos conocimos en esta orquesta. Pasábamos más de dos meses al año haciendo música juntos de una manera hasta entonces desconocida para nosotros. En cada encuentro teníamos la oportunidad de trabajar minuciosamente el repertorio durante varias semanas con un gran director para después realizar una gira de conciertos por las salas más importantes. El resultado era increíble; vivíamos la música de una manera tan intensa que en la mayoría de los conciertos acabábamos todos llorando de emoción.

 

     Pero llegó el momento en que tuvimos que dejar la orquesta, y nos entristeció tanto que decidimos crear nuestra propia pequeña orquesta con la que poder seguir tocando repertorio sinfónico. No fue nada fácil. Tuvimos que encargarnos absolutamente de todo: financiación, instrumentos, arreglos musicales, lugar de ensayo, viajes, alojamiento, conciertos… Los ensayos fueron muy largos e intensos, ya que montar una sinfonía de Mahler sin la figura de un director es un deporte de alto riesgo. Cuando realizamos nuestro primer concierto y vimos que el público lloraba con nosotros de emoción, entendimos que habíamos conseguido nuestro objetivo: compartir con todo el mundo la manera de vivir la música que habíamos descubierto en la Mahler.

 

– ¿Cómo ves el panorama musical actual?

30115_428874989528_5978202_n     La situación musical que vivimos en la actualidad es bastante compleja. Por un lado, las infraestructuras con las que contamos hoy en día, tanto a nivel educativo como divulgativo, son mucho mayores que hace unos años. Pero también en los últimos años hemos sufrido, por parte de la sociedad, una pérdida de interés en la música. La “música” está constantemente tan presente en nuestras vidas (tiendas, bares, radio, televisión) que poco a poco nos vamos insensibilizando a ella. Vayamos donde vayamos siempre hay música, y la mayoría de las veces con fines comerciales. En la mayoría de los casos no podemos elegir qué música escuchar, y en ninguno de ellos es música en directo.

     Esta situación pone al músico en general y al intérprete en particular en una situación muy complicada. No sólo tenemos que competir con otros músicos para llegar al más alto nivel, si no que además, tenemos que conseguir captar la atención de un público cada día más insensibilizado. No sólo basta con llenar una sala de conciertos, si no de que una vez allí, el público consiga emocionarse.

 

– Un consejo que darías a los lectores del blog.

     La palabra que más he repetido a lo largo de esta entrevista es “emoción». No concibo la música si no existe una comunicación emotiva entre el intérprete y el público. Este es mi compromiso con la música y lo que intento generar siempre que toco, ya sea sólo o con más gente. Os animo a todos a que lo tengáis presente en todo momento, en nuestras manos está el futuro de la música.

 

2 comments to “Entrevista a André Cebrián”

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