La flauta de Bartolo, por Miguel Rodríguez

Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque puede hacerse realidad. La verdad es que cuando iba para casa en el metro y me dio por escribir en Twitter un chascarrillo para Juan Val no pensé que iba a recoger el guante con tanta gracia. Y sin embargo aquí estoy, invitado a escribir unas líneas en este blog para hablar de flautas o flautistas. Me encantaría verte la cara, querido suscriptor, cuando feliz al enterarte de que Juan ha escrito algo nuevo en su interesante bitácora, vas y te encuentras este post. Ya lo siento, así son las cosas.

He de decir, modestia aparte, que por estudios y experiencias (una vez fui fagotista) me considero un especialista en lo que a la relación con flautistas se refiere. El verlos –y sufrirlos– desde la barrera, para entendernos. Y tras años de observación y estudio he sacado varias conclusiones que podríamos englobar en la flautología básica. Aquí van unas pocas:

  • Lo de las cabezas es una locura: He visto a flautistas probar y probar cabezas detectando diferencias mínimas. Muchas veces inexistentes. Entiendo que hay que buscar la perfección para lograr el mejor resultado, pero en algunos casos esto es casi más obsesivo que la relación amor-odio (o más bien odio-odio) del resto de vientos madera con las cañas.
  • Puedes jugar con ellos: Si quieres que un flautista se vuelva loco gira media vuelta la corona de la cabeza de su instrumento y verás cómo se desespera. Las consecuencias una vez se dé cuenta de lo que has hecho son imposibles de definir y probablemente incluyan violencia física, pero las risas no te las quita nadie.
  • El flautín es un instrumento del demonio: He visto perros llorar ante su presencia, ladrando como locos hasta que deja de sonar. Aullando como posesos. Literalmente. ¿Qué esperáis si incluso vosotros os ponéis tapones? A mí al menos me queda la satisfacción de veros sudar cuando el director acelera mucho en la cuarta sinfonía de Tchaikovsky.
  • Son imposibles de catalogar: Así como los metales o percutas suelen ser extrovertidos y ruidosos, y los fagotistas seres esquivos obsesionados con sus cañas, los flautistas los he conocido de todos los tipos posibles: afables, divos, divertidos, sosos, frikis…
  • No sé cómo hacen sonar el instrumento: Las pocas ocasiones que he tenido de tocar la flauta me he vaciado en dos notas, sonando media y el resto aire. Aunque hay que decir que a muchos flautistas también les suena mucho el aire, así que igual voy por el buen camino…

Y hasta aquí mi colaboración como primera –creo– firma invitada en el ilustre blog de Juan Val, al que agradezco que me haya hecho un hueco entre Pahudes y Sotórreses para hacer la broma. Seguid leyéndole, es un buen tipo.

Miguel Rodríguez

Has one comment to “La flauta de Bartolo, por Miguel Rodríguez”

You can leave a reply or Trackback this post.
  1. Ursula - 7 julio, 2018 Responder

    Que genial le dio en el clavo a mi me sucede exactamente lo mismo y ya ni se como hacer pero no debo rendirme…😊 muy buena la entrevista (El Alto-Bolivia)

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.